PREGUNTAS A MENUDO HECHAS :

• ¿Qué piensa la Iglesia "de la muerte provocada" ?
• ¿Qué sentido dar a la resurrección final ?
¿Puede uno comunicar con los muertos ?
• La Iglesia y la incineración
¿Qué pensar de las experiencias "En las fronteras de la Muerte" ?
¿Qué pensar de la creencia en la reencarnación ?
• ¿Hace falta creer en el Infierno ?

¿Qué piensa la Iglesia "de la muerte provocada" ?
Unas campañas de opinión , difundidas por los media, tratan de venir haciendo la amalgama entre "morir en la dignidad" y "muerte dulce", dicho de otra manera, la "vida interrumpida" adrede. Decidir morir, cuando uno está sano, para seguir a un ser querido no es lo mismo que elegir morir porque uno siente la amenaza de un decaimiento irreversible debido a la enfermedad o a la vejez. Otra cosa es pedir la muerte porque se sufre demasiado : en este caso sólo las unidades de cuidados paliativos pueden ser una solución , ya que se toma en cuenta este grito de socorro.

Existe una manera de morir con dignidad que no es ni el suicidio ni la eutanasia. Es la ofrenda de su vida a la Misericordia de Dios, para que esta vida no sea quitada sino transfigurada. Esto puede ser un escándalo para algunos, hoy como ayer. Y el cristiano, desde luego, no debe imponer esta visión a sus hermanos y hermanas no creyentes. Pero tampoco tiene derecho a ocultársela. Por eso no se puede aceptar que la "dignidad" de la muerte se la acaparen los partidarios del suicidio y de la eutanasia y que ésa sea la única salida pesentada como ejemplar, para quien quiere morir "limpiamente".

¿Qué sentido dar a la resurrección final ?
La Resurrección arrastra en adelante a todos tras ella. Cristo hizo esta sorprendente promesa a todo hombre de Fe : "Yo lo resucitaré en el último día"(Juan VI,44) ; San Pablo , en Atenas, predicó la resurrección de los cuerpos, con gran asombro de los filósofos. La resurrección no es una "reanimación" de nuestro cuerpo, ni una reviviscencia. El registro de nuestra terminología es pobre en este punto. San Pablo nos dice : "Se siembra un cuerpo animal y se resucita un cuerpo espiritual" (I Cor XV, 44). Esta expresión de San Pablo ha sido muy estudiada ; bástenos con guardar el principio : el hombre resucitado participará de las propiedades del cuerpo glorioso de Jesús, tal y como nos lo describen ya los evangelios de la Transfiguración y de la Resurrección. El cuerpo de Cristo resucitado es ejemplar. "Cristo transfigurará nuestro cuerpo deleznable, conformándolo al cuerpo suyo glorioso" (Fil. III, 21). San Pablo enumera (I Cor. XV , 42-44) las nuevas cualiddes de este cuerpo :incorruptibilidad, gloria, fuerza, espiritualidad. Desde ahora , en este triunfo de la materia se justifica el respeto que la Iglesia pide por el cuerpo. Añadamos que "la Redención de nuestro cuerpo" (Rom.VIII, 23) será como la señal de una liberación cósmica. En Jesucristo, el Espíritu ha tomado posesión de la materia como ha de hacerlo de toda la creación, al final de los tiempos, cuando Cristo "recapitule" todo en Él.

¿Puede uno comunicar con los muertos ?
Pongamos a un lado las prácticas relacionadas con la magia, el espiritismo, el ocultismo, o la brujería. La posición de la Iglesia ha sido siempre muy severa con este género de experiencias por sospechar cierta connivencia con Satán y las fuerzas del mal. Si embargo, ciertas obras recientes : "Los Testigos de lo Invisible" y "los Muertos han dado señales de vida" de J. Prieur ; "Los Muertos nos hablan" de F. Brune recurren a otro tipo de experiencia o a señales ocurridas a los autores, a sus lectores o a personajes conocidos, siendo los más célebres Pierre Monnier y Roland de Jouvenel. Pero la Iglesia siempre ha permanecido reservada con relación a estos fenómenos difíciles de explicar, aunque los adelantos de las ciencias físicas y de la parapsicología nos vuelvan más serenos frente a ellos. No se le puede negar a Dios el derecho de enviarnos a veces "señales personales" que sólo los interesados reconocen. Quedan, pues, casos aislados e individuales que han de recibirse en la Fe. En efecto,estos hechos excepcionales remiten a lo esencial : La Vida Eterna existe, y la oración es el medio de comunicación normal entre vivos y difuntos dentro del misterio de la Comunión de los Santos. Destaquemos aún que el hecho de buscar comunicaciones con los difuntos (escritura automática, TCI etc...) puede obstaculizar gravemente el proceso de duelo necesario tras la muerte de un ser querido.